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Francisco «Paco» Cortés: un músico puertorriqueño de la Belle Époque

Francisco "Paco" Cortés

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Tiempo de lectura: 12 minutos

Francisco «Paco» Cortés: un músico puertorriqueño de la Belle Époque

A la memoria de Áurea Cortés Vda. de Pujals

La obra editorial del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, Inc., Casa Paoli, se inicia desde su fundación en 1976; cuarenta y seis años de trabajo continuo en beneficio de nuestra cultura. Esta tarea combina las diversas expresiones de la actividad cultural del país, particularmente las manifestaciones vinculadas a las humanidades. Esta institución se enriqueció en 2007 con la publicación de gran parte de la música del pianista, compositor y director de orquesta Francisco «Paco» Cortés, músico puertorriqueño de la “Belle Époque” (1871-1950) rescatada en París por el Maestro Guillermo Menéndez Maysonet.

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Menéndez Maysonet profesor de música retirado del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, era el director y uno de los fundadores de la Sociedad Independiente de Investigaciones Musicológicas (SIIM) que fundara en 1989 junto a los profesores Gustavo Batista Ortiz del Rivero y Daniel Mendoza De Arce. El acopio de materiales sobre la historia de la música en Puerto Rico que logró este maravilloso grupo de su propio peculio es único y digno de respeto. El Centro se sintió honrado en coauspiciar la primera edición de SIIM.

La música del Maestro Francisco «Paco» Cortés está precedida de un interesante ensayo introductorio del maestro Meléndez, que ubica la vida y obra musical de uno de los grandes músicos puertorriqueño que se destacó en París durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX. Lamentablemente, su nombre y su época no se conocen en Puerto Rico tan bien como es nuestro deseo.  Esta edición aspiró a rescatar del olvido a este hijo de Borinquen.

Francisco

Francisco «Paco» Cortés, conocido artísticamente como Paco Cortés, fue uno de los muchos boricuas que en París tuvieron la dicha de recibir ayuda y consejos del gran patriota caborrojeño doctor Ramón Emeterio Betances. 

Cortés asistió, el 16 de septiembre de 1898, a los funerales del patricio en París y presenció la inhumación de los restos mortales. Depositó una corona simbólica sobre su tumba, y siempre guardó un eterno recuerdo del Padre de la Patria.

Sobre el ilustre puertorriqueño comentó Cortés: “Betances subía siete pisos todos los días para irme a ver cuando me sentía enfermo y todas las mañanas dejaba debajo de mi almohada una moneda de oro para mis gastos. Pude comprar ropa, libros de música y estudiar. Hasta me proporcionó un plano [de la ciudad]. Así pude prepararme antes de ingresar en el Conservatorio de París.

En 1937 Francisco «Paco» Cortés narraba a un periodista del diario El Mundo en San Juan sus experiencias con Betances. Hacía treinta años que estaba viviendo entre París y Nueva York. Pero ¿quién era, verdaderamente este gran músico puertorriqueño? Veamos.

Nació en San Juan el 31 de enero de 1871. Fueron sus padres Francisco Cortés, educador y Obdulia González, ama de casa. A los nueve años se trasladó a Ponce, donde durante dos años y medio, el niño Cortés estuvo a cargo del órgano de la Iglesia de la Guadalupe, según certificado firmado por el párroco, Leoncio García con fecha de 10 de octubre de 1880.

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En 1882, durante una fiesta organizada por el maestro J. Oriol Pasarell en Ponce, se llevó a efecto un concierto en el cual tomaron parte, entre otros, el notable pianista Arístides Chavier y Arévalo, estando presente Manuel G. Tavárez, considerado el Padre de la danza puertorriqueña, quien a su vez fue maestro del niño Cortés. Chavier obtuvo el primer premio ofrecido por el maestro Pasarell. Al concluir su participación el niño Cortés, el célebre Tavárez lo levantó de su asiento colmándolo de besos y abrazos por la limpieza y colorido de su ejecución, teniendo en cuenta que el niño solamente llevaba 23 meses estudiando piano.

Por su parte, Chavier tuvo un gesto de generosidad en esos momentos, cuando renunció a su primer premio y pidió a los señores del jurado que le concedieran el primer premio a Cortés.  El jurado por unanimidad así lo hizo, siendo éste el primer premio que Francisco recibió en Puerto Rico. Los asistentes al acto se dieron cuenta de lo mucho que prometía Cortés y esperaban grandes logros de él.

Según narra Fernando Callejo, nuestro primer historiador de la música puertorriqueña, al pasar el entierro de Manuel G. Tavárez frente al balcón del Casino de Ponce, tuvo el niño Cortés una inspiración y dejando deslizar suavemente sus dedos sobre las teclas del piano, ejecutó las notas patrióticas de la marcha Redención creación de Tavárez. La ejecución de la obra de su maestro era una manera particular de rendirle homenaje a su gran mentor.  El niño traducía admirablemente la situación moral de las personas que escuchaban aquella música sublime.

 

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Obra para piano de Paco Cortés.

 

Desde Ponce, la familia Cortés González se traslada hacia Arecibo. En la Villa del Capitán Correa, su padre fundó, con la ayuda de Paco una compañía de zarzuela. L. Padilla d’Onis, uno de los   miembros de esa compañía de zarzuelas, comenta:

“Justamente a mediados de la última década […] del siglo [XIX] se formó en Arecibo la primera gran compañía de zarzuela del género grande que hubo en Puerto Rico, constituida por cuarenta niños arecibeños que sorprendieron a Puerto Rico con una compañía digna de actuar en los mejores proscenios del mundo, y que de haber salido del país hubiesen obtenido resonantes lauros para su patria y para la América en donde todavía no se había formado una compañía semejante”.

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De acuerdo con Padilla, en esa época (1890) el padre de Francisco «Paco» Cortés dirigía una escuela graduada, situada en el barrio Palmarito, de Arecibo. Él y su esposa Obdulia concibieron el propósito de formar una compañía de zarzuelas, a fin de recaudar dinero con el que Paco pudiera continuar sus estudios de piano en París.

La idea cayó en terreno fértil, y prosperó.  Se trazaron así los planes que habrían de culminar, según Padilla, en el éxito más rotundo. Bajo la dirección de notables aficionados que ya se habían distinguido en la escenificación de diversas obras teatrales en el teatro Las Claras, y con la orquesta bajo la dirección de Paco Cortés, se dio comienzo a los ensayos de la zarzuela del género grande La mascota (versión en castellano de la opereta de E. Audran, que hiciera el compositor y director de orquesta español Guillermo Cereceda) que tan popular se puso en los escenarios de Europa y América.

El estreno de esta zarzuela en Arecibo constituyó, de acuerdo con Padilla, un acontecimiento artístico jamás igualado, y menos aún superado y del que la prensa de la época hizo grandes elogios.

José Limón de Arce, destacado historiador arecibeño señala que en 1890 esa misma compañía presentó en Arecibo la revista teatral La Gran Vía, y las zarzuelas Los sobrinos del Capitán, El año pasado por agua y otras más. Limón de Arce corrobora los datos ofrecidos por Padilla al destacar la presentación de la zarzuela La Mascota.

Con el dinero obtenido de sus triunfos artísticos en Arecibo, Francisco partió hacia Barcelona, donde ingresó al Liceo Filarmónico de Barcelona de Isabel II (Conservatorio de S.M. la Reina Doña Isabel II). Allí, en octubre de 1893, finalizó la clase de piano superior, bajo la dirección del profesor Vicente Costa Nogueras, alcanzando el primer premio de dicho instrumento con la medalla de plata de Primera Clase; y fue premiado con medalla de bronce y plata en la técnica musical, materia que perfeccionó bajo la dirección del maestro compositor Francisco de P. Sánchez Gavanaca. 

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En 1893 partió desde Barcelona hacia París. Logra ingresar en el conservatorio de música de París (Conservatoire National De Musique Et De Declamation). Logró, mediante esfuerzos de sus amigos en Puerto Rico, que la Diputación Provincial le concediera una subvención, si lograba ingresar en el conservatorio. Su estadía en el conservatorio, según el Maestro Menéndez Maysonet, se prolongó hasta el 1896. El propio Cortés añade:

“Tenía treinta francos solamente cuando llegué a París. Le confieso que estaba desorientado. No sabía una sola palabra de francés: no conocía a nadie, ni tenía en mi poder cartas de recomendación. Me llevaron de un extremo a otro de la ciudad porque el conductor del taxímetro entendió mal mis palabras, en vez de conducirme a un sitio cerca del Conservatorio, me llevó a las inmediaciones del Observatorio, al otro lado de la ciudad, y allí   por fortuna, fui a dar a una casa de huéspedes cuya propietaria hablaba un poco de español… A los tres días no tenía ni un céntimo y la matrona me plantó en la calle sin más ceremonias, quedándose con mi baúl y la ropa hasta que pagase”.

 

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Certificación y datos de sus estudios.

 

Francisco «Paco» Cortés indica que durmió en la calle, y los bancos del Boulevard de la Magdalena le sirvieron de cama muchas veces, en los ratos que la policía no lo echaba de allí. Rendido de sueño caía en otro banco hasta que otro guardia venía y se repetía la escena. Estuvo tres días sin comer.

“Hubo instantes en que parecía que iba a sucumbir. Un día estaba sentado en un banco en el Boulevard Bon Nouvelle, en frente a la redacción del [periódico] L’Echo de Paris. Penetré atraído por el ruido de un fotógrafo, sólo por cambiar mis ideas un momento siquiera y de pronto sentí hablar español. ¡Qué alegría! Era la familia Belaval. Sus niños me reconocieron y fui invitado a almorzar en el Hotel Riche. Aquel día tuve que lavar un cuello de camisa en una fuente. Mi presentación era pobre. Me encontré en aquel hotel con un muchacho francés, un viajante de apellido Desté (no lo olvidaré nunca): él ha muerto y le he guardado luto como si hubiera sido mi hermano”.

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Desté llevó a Cortés a casa de su madre. Luego lo condujo al conservatorio, se ocupó de sus asuntos, le buscó ropa y dinero. El agradecimiento de Paco hacia este personaje siempre fue enorme. Después de tantas vicisitudes, Cortés consiguió establecerse por espacio de tres años en el conservatorio, y hacer en París y en Normandía una prestigiosa carrera artístico-musical, vinculada a la música ligera de salón y del espectáculo popular como señala en su ensayo el maestro Menéndez.

Francisco «Paco» Cortés siempre se mantuvo atento y en comunicación con su pueblo. Apoyó a otros artistas puertorriqueños de su generación. Viajó en varias ocasiones a su patria. Con los laureles alcanzados en las lides del arte, regresa, en 1907, a Puerto Rico. Manuel Fernández Juncos, presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas, le escribe una carta felicitándolo y dándole la bienvenida.

Se celebra una velada en el Teatro Municipal de San Juan y se estrena su famosa Nuit de Noel. Entre los artistas figuraba Amalia Paoli. En todos los pueblos que se presentó dicha obra se le rindió homenaje al consagrado pianista. En Arecibo, la Hija del Caribe escribe con alegría acerca de los éxitos de Paco Cortés, a quien ella consideraba una gloria positiva de Puerto Rico. Cortés regresó a Francia para finalizar unos contratos y luego pasó a Nueva Cork, donde contrajo matrimonio, en 1910 con Aurea Gaudier, hija del Dr. Benito Gaudier, oriundo de Mayagüez. Tuvo tres hijas: Áurea, Obdulia y María, además de su hijo Francisco.

En Nueva York, Cortés es solicitado por las empresas de teatros y los grandes hoteles. Los principales diarios se ocuparon de elogiar sus conciertos. Francisco «Paco» Cortés fue profesor en el Malquin Music School. Durante diez años fue director de la orquesta del Hotel Vanderbilt. De allí pasó al Cherri, y luego al aristocrático Waldorf-Astoria. Trabajó en Delmonico como director de orquesta, y finalmente se dedicó a enseñar a un grupo selecto de discípulos en una escuela privada que fundó en Nueva York. Escribió el argumento de su obra Nuit de Noel para cinematógrafo, con el nombre de Fortune Teller of deville.

Se lamentaba Cortés –al igual que Antonio y Amalia Paoli– de la falta en Puerto Rico, para esa época, de un buen conservatorio. Como una muestra del amor por su tierra, Francisco le dedicó a Ernesto Ramos Antonini, ex presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico bajo la gobernación de Luis Muñoz Marín, la obra de concierto para piano Fantasía-Capricho. Esta pieza tiene como motivo una danza de Juan Morel Campos.    Paco le dedicó esa obra: “…como recuerdo y agradecimiento por la cooperación leal y franca que recibió [Cortés] de su señor padre don Federico Ramos Escalera y de su tío Heraclio Ramos”.

Su hija Áurea fue quien entregó la composición de su padre al señor legislador.

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En opinión de Cortés, Federico fue uno de los mejores pianistas que tuvo el placer de oír en su vida. Heraclio fue maestro de Francisco en Arecibo y sus consejos le sirvieron para lograr éxitos en los conciertos que dio a fin de ser admitido como discípulo del maestro Charles Wilfrid Bériot en el conservatorio de París.

La muerte de Francisco Cortés, acaecida el 20 de julio de 1950 en Nueva York, no produjo los grandes titulares que el artista se merecía en los periódicos de la época. Sin embargo, la huella trazada por este genial maestro del piano lo consagra como uno de los hijos más prominentes de su época, y señala el camino del sacrificio y la abnegación. Pero más aun lo consagra como un hijo profundamente agradecido de su gente, de su tierra. Sus restos descansan en el antiguo Cementerio Fournier, hoy Puerto Rico Memorial, en Isla Verde.

Debut de Paco Cortés en algunos de los lugares en donde participó.

Gracias al Museo de Historia, Arqueología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y a su directora Flavia Marichal Lugo, se pudo estudiar el contenido del Álbum de Cortés que donara su hija Áurea Cortés, Vda. de Pujals a ese importante centro de estudios. Le debemos a la hija del artista la dicha de tener de primera mano fuentes muy importantes para la investigación rigurosa de la vida y la obra de este destacado boricua. Este noble gesto, junto al rescate de la música del pianista; debe servir de ejemplo para todos en nuestra afanada tarea de difundir los grandes valores del país.  Una muestra del álbum se incluyó en esta publicación, como parte del diseño que realizara la artista Diana Micheli.

Debemos también consignar el agradecimiento al bibliotecario Alberto Hernández Banuchi; por su trabajo pionero sobre Cortés, publicado en 1990 en la Revista de la Universidad de Las Américas.

 

 

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