Himno de Puerto Rico

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Orquesta Juan Morel Campos. Fotos suministradas.

 

Néstor Murray-Irizarry, historiador

www.casapaolipr.com

Introducción

Uno de los lugares más emblemáticos de Ponce, es hoy su Concha Acústica de Conciertos inaugurada en 1956 y que en el ayer fue el Parque Abolición. Fue construido en conmemoración de su formal liberación, y para homenajear a la herencia sociocultural afrocaribeña de los negros esclavizados que arribaron a nuestras costas; y a sus descendientes, particularmente por el arduo trabajo realizado por ellos, en beneficio de todos los puertorriqueños. Allí se pueden ver seis placas hechas de mármol, tres a cada lado, adosadas a cada extremo de la concha. Son la efigie de seis músicos puertorriqueños que nacieron o que se dieron a conocer en Ponce: Juan Morel Campos, Manuel Gregorio Tavárez, Arístides Chavier Arévalo, Antonio Paoli Marcano, Julio Carlos de Arteaga y Juan Ríos Ovalle.

Considero que la selección de los artistas respondió a criterios relacionados con la representación de toda una gran época lírica de Ponce y del país. Tavárez, Arteaga y Paoli estudiaron música en Europa. Los primeros dos mencionados fueron maestros, compositores y pianistas. Ambos estudiaron en el Conservatorio de Música de París o con los maestros que enseñaban en el Conservatorio) y aunque Tavárez nació en San Juan, y Arteaga en Yauco (aunque lo registraron en Ponce), se dieron a conocer en Ponce como grandes musicólogos. Paoli fue el tenor dramático más importante y con renombre internacional, que ha tenido Puerto Rico en toda su historia musical; junto a su hermana Amalia (al igual que hizo Arteaga con su esposa) organizaron un Conservatorio o Academia Paoli, de música y arte dramático.

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En muchas ocasiones Amalia, la querida hermana del Tenor y mezzosoprano, fue acompañada por la Orquesta La Progresista que dirigió Morel Campos. A Tavárez se le considera el padre de la danza puertorriqueña y el mentor más importante que tuvo Morel Campos, su querido discípulo y renovador de la danza, que cultivó su mentor. Chavier por su parte fue maestro, pianista, compositor; estudió clases particulares con los profesores del Conservatorio de París y fue un consagrado periodista y crítico musical.

A pesar de que fue uno de los enemigos acérrimos de la danza puertorriqueña, siempre tuvo una alta estima y consideración sobre Morel Campos de quien opinaba: “…ocupa en nuestro mundo artístico un lugar prominente y no es violentar la verdad asegurando que determinó una etapa evolutiva en nuestro desenvolvimiento musical, dando a la época en que florecieron un realce y un esplendor considerables. Fue el chantre (Chavier usa ese término como sinónimo de cantor) de la danza puertorriqueña, del mismo modo que Chopin fue el chantre del piano… La danza, pues, sufrió una transformación amplia e ingeniosa en las manos de Morel Campos; aquella [la danza] mórbida y rudimentaria de pasadas épocas desapareció y se vio suplantada por las risueñas, melancólicas y cadenciosas melodías que tanto han subyugado el alma puertorriqueña… El artista crea sometido a esas influencias y las características de su obra estarán en concordancia con el sentimiento que prevalezca en su época. Morel Campos instintivamente adaptó su talento a las exigencias  del ambiente que entonces reinaba. Por eso vemos que sus concepciones estaban fuertemente impregnadas de melancolía y tristeza; por eso no pudo infundir a la cantinela un sentimiento bélico ni épico, que hubiera estado en oposición con las imperantes características de la época”.

 

Juan Morel Campos

Julio Carlos de Arteaga le propuso a principios del año 1896 a Morel Campos la idea de organizar una Academia de Música. La muerte de Morel frustró la iniciativa de Arteaga, quien con su esposa creó, bajo su nombre, una escuela de música. Además, llegó a interpretar al piano las obras más importantes de Morel Campos.

Ríos Ovalle, gran amigo y discípulo de Morel Campos y miembro destacado de las orquestas que éste organizó, se dedicó a continuar cultivando la composición de danzas al estilo de su maestro. Además, perteneció a la orquesta de la sociedad filarmónica La Lira que dirigía Morel Campos y organizó varios sextetos que acompañaban a las películas del cine mudo en el antiguo teatro Fox Delicias de Ponce y a la orquesta de bailes que dirigió Morel Campos y luego Domingo (Cocolía) Cruz, quien mantuvo el mismo grupo de músicos (y repertorio) que reclutó su fundador. Esta agrupación musical constantemente viajaba por toda la isla ofreciendo su buena música.  Es importante clarificar que solo estamos comentando una muestra de uno de los momentos históricos musicales más valiosos de nuestra cultura.

Juan Morel Campos (1857-1896)

Juan Morel Campos nació en Ponce el 16 de mayo de 1857 y murió el 12 de mayo de 1896. Fue uno de los grandes musicólogos de Puerto Rico de todos los tiempos. Se destacó como compositor, director de orquestas, instrumentista- dominó la flauta, el bombardino como muy pocos músicos en el país- fue maestro de piano, entre sus múltiples habilidades musicales. Compuso más de trescientas composiciones que incluyeron: música sinfónica (3), marchas sinfónicas (10), mazurcas (6), melodías (6), marchas fúnebres (8), pasodobles (9), polkas (5), romanzas (5), valses (15), zarzuelas (4), guarachas (7), gavotas (1), himnos (1), chotis (1), galopes (2), popurrí (1), música sacra (50), danzas (110).

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Como se observa en su producción musical, se destacan las danzas y en segundo lugar la música sacra. Nuestro gran maestro del pentagrama dejó de existir físicamente a los 39 años, sin embargo, su obra creadora todavía perdura. Un grupo de sus amigos más cercanos organizaron una institución para perpetuar su nombre: el Club Juan Morel Campos; además, erigieron la estatua en la Plaza Las Delicias que guarda sus restos que estuvieron por muchos años colocados en un nicho en el cementerio católico de Ponce (hoy el Mausoleo de Hombres Ilustres Román Baldorioty de Castro en Ponce); La PRERA le dio su nombre a una urbanización que construyó en su ciudad natal. En Ponce hay una escuela de música que lleva su nombre y en Brooklyn, Nueva York también hay una escuela pública que tiene su nombre. La banda del cuerpo de bomberos, luego Banda Municipal de Ponce, después de celebrar su centenario, continúa ofreciendo conciertos en La Perla del Sur y siempre interpretan danzas de Juan Morel Campos.

El ambiente musical en Ponce desde su nacimiento hasta su deceso (1857-1896)

Un músico de la prepotencia de nuestro ilustre hijo de Puerto Rico, conocido por mucho tiempo como Juan Campos y después como Juan Morel Campos, con toda probabilidad, sólo nace y se desarrolla en un ambiente muy especial dotado de recursos favorables a las artes y a las humanidades. Recursos que la propia sociedad permitió acumular por su gran cultura y sensibilidad para el disfrute de sus ciudadanos. El elemento poblacional de Ponce provino de una gama de nacionalidades de todas partes del mundo. A la ciudad de Ponce llegaron a sus playas seres humanos que contribuyeron a formar un señorío que con el paso del tiempo crearon una bella ciudad puertorriqueña, pero con elementos arquitectónicos únicos; hermosos y pintorescos jardines; con el establecimiento de un Cuerpo de Bomberos de voluntarios de gran ejemplo para el país; con un comercio muy progresista y poderoso que atrajo a familias completas de toda América y Europa. Según sus biógrafos, Morel Campos se crio en ese ambiente. En 1889 Morel estaba en plena gestión musical a sus 32 años.

Juan Morel CamposEn esa misma época uno de sus amigos Juan N. Ríos (1853-1919) pintó una litografía, que se imprimió en Barcelona en ocho tintas, conocida como el Panorama de Ponce. Ríos fue un destacado pintor- paisajista-decorador-escenógrafo de grandes méritos, delineante, guitarrista clásico que formó parte de la orquesta de conciertos de Morel Campos; además, fue administrador del teatro La Perla, centro musical del maestro Morel, quien le ayudó mucho en la preparación de las escenografías de las zarzuelas que presentó Morel en dicho Teatro. Ambos eran autodidactas, nacieron y se desarrollaron en un ambiente de pocos recursos económicos. Pero ¿cómo era la ciudad donde crece y se desarrolla ese genio musical? ¿Necesitó educarse fuera de su lar nativo? ¿Como adquirió los conocimientos y destrezas que lo llevaron a convertirse en el musicólogo de su época y de su generación el más conocido y querido por su país? Y su amigo Ríos, ¿verdaderamente dibujó la ciudad amada por ambos artistas? Considero que sí. Veamos.

Miguel Pou y Becerra, maestro pintor, que conoció a los dos artistas, comentaba: “Fue Ponce en otros tiempos [un] centro de espiritualidad. Con nosotros vivían elementos, extranjeros en su mayor parte, que se ocupaban en traer de fuera, al volver de sus viajes, algunas obras pictóricas, retratos de familia por lo general, que hoy podemos admirar. Entre otros, figuran en ese número la familia Ramery Becerra en cuya casa me extasiaba yo cuando niño ante unos magníficos retratos al óleo pintados en España…; la familia Pérez Valdivieso …; la familia Oppenheimer, don Guillermo, y el señor Bobby Graham, poseen retratos al óleo, todos pintados en Inglaterra. Y, sobre todo, el retrato que don Carlos López de Tord posee de su hija Josefina, obra del incomparable Julio Romero de Torres.”

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Lo que siempre fue Juan Morel Campos

En 1891 el panorama musical en Ponce comenzó a cambiar drásticamente. Se percibía un ambiente con limitadas oportunidades de trabajo para los músicos.  Hubo muchas razones, a nuestro juicio: La influencia de las nuevas tecnologías como el incipiente fonógrafo; el aumento en las veladas líricas que se llevaban a cabo en las propias residencias de las familias más acomodadas de la Ciudad, en donde se utilizaban talento artístico amateur; la gran cantidad de músicos disponibles que limitaban la oferta y la demanda; el inicio de los grupos de guarayas y plenas, que aunque en  limitado número, contribuyeron desde esa época tan temprana a que se escuchara una música urbana/folclórica distinta a los géneros musicales tradicionales y a los llamados bailes y música de sociedad: la danza, la mazurca, el rigodón, entre otros.

En esa época, probablemente, la influencia estadounidense también comenzaba a sentirse entre los músicos. Me imagino que esta influencia se debió particularmente a través de algunos miembros de la tripulación que llegaban a nuestras costas en los barcos donde transportaban el azúcar como parte del comercio o mercado abierto entre las Antillas y Estados Unidos. Llegaban con el banjo debajo del brazo y con otros instrumentos folclóricos, cantando y bailando géneros originales de sus respectivas regiones o países. La tripulación de estas embarcaciones era mixta y muchos iberoamericanos, según nos narró Gustavo Batista Ortiz del Rivero; los utilizaban como trasbordo y ya ubicados en Puerto Rico, se movían a otros países. Todo este gran comercio se llevaba a cabo con la bendición de España (ca. 1850). Un dato curioso que aporta Batista y que refleja que la compra de azúcar a Puerto Rico también le produjo a los Estados Unidos un nuevo mercado para la venta de sus productos, se refleja en la compra de las sillas de metal que se alquilaban en la plaza de Ponce en 1872 para escuchar las retretas que amenizaba la Banda de Bomberos de Ponce.

Juan Morel Campos

Me imagino que Morel Campos quiso detener, a su manera, esa invasión de géneros y bailes foráneos a nuestra cultura. Para mantener a raya esa influencia extranjerizante se valió de dos grandes estrategias a su favor: su popularidad y su militancia patriótica dentro del movimiento autonomista de su época, que a pesar de no ser un militante activo, mantuvo una estrecha relación de amistad y política con el líder máximo del autonomismo de esa época, Luis Muñoz Rivera. El periódico La Democracia, de ideas autonomistas y fundado en Ponce por Muñoz Rivera publicó el 12 de mayo de 1896, ante el deceso de Morel Campos, la siguiente nota de duelo:

“No tuvo, ni tiene Puerto Rico quien pueda compararse. Los aires melancólicos del terruño encontrarán su expresión en la música dulce y cadenciosa del maestro… Fue único: no formó escuela: nadie lo sucede. Y ese ritmo de sus danzas quedará como un símbolo de esta pobre patria en estos amargos días de frustración y decadencia… No cabe en la colonia, que sufre, el himno varonil de los pueblos que luchan. Y como en la música de Chopin encuentran los hijos de Polonia un grito de dolor de la tierra injustamente esclava, en la música de Morel Campos encontramos los hijos de Borinquen un sollozo de la tierra pacientemente sometida… El país ama a sus poetas: Morel Campos escribió su poesía en el pentagrama. Y ahí está para los que le sobreviven y le lloran… Un ritmo vibrante, un arreglo sublime, popularizar y extender el nombre de un creador y el nombre de Morel Campos es popular en la isla, que repite con deleite las piezas que él escribió, quizás poseído por la enfermedad cruel [que provocó su muerte y que para siempre nos dejó”.

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Me imagino, teniendo el dato histórico de las frecuentes visitas semanales que realizaba Morel Campos a las oficinas centrales del periódico La Democracia en Ponce, que en las conversaciones que tuvieron Luis Muñoz Rivera y Mariano Abril, dos de los principales redactores del periódico La Democracia, con Juan Morel Campos, analizaron la situación socioeconómica del país. Además, pienso que las palabras que usó el redactor de ese periódico en la nota de duelo no fueron improvisadas. Es muy probable que la idea de la troupe artística de la orquesta de Morel por toda la isla naciera de esas conversaciones. Al parecer, Morel mantuvo enterado de todas sus actividades a los redactores de este medio de la prensa. Hay que destacar que La Democracia fue el periódico que publicó más noticias sobre Morel Campos.

Además, Morel Campos, con su fina sensibilidad y agudo sentido de visión de futuro e inteligencia clara, de ver el futuro político y cultural que el destino le deparaba a su país, siente la imperiosa necesidad de difundir su música puertorriqueña, añejada y concebida y desarrollada en casa, como ramilletes de siemprevivas, en todos los caminos de su tierra. No olvidemos que, a los cuatro años del fallecimiento del Maestro, sus discípulos más cercanos, Juan Ríos Ovalle y Domingo Cruz, por ejemplo, abrazan los géneros estadounidenses two step y one step como parte de sus composiciones y al repertorio de la orquesta de bailes que Cruz heredó de Morel y a la Banda de Bomberos de Ponce.

Homenaje a Juan Morel Campos, 1957.

Ante esta situación antes descrita, Morel Campos se ingenió organizar en 1893, tres años antes de su muerte, una troupe artística con su orquesta de bailes de 22 músicos, que tanta fama tenía en Ponce. Así que viajó por todo Puerto Rico y en la mayoría de las ocasiones pernoctaban en cada pueblo visitado. En muchas ocasiones, y a su regreso a Ponce, lo estaban esperando para que amenizaran una velada lírica o asalto en una de las casas de los más afortunados de la Ciudad.

Ya en Ponce se conocía que Morel Campos tuvo una participación muy importante en la banda del Batallón de los Cazadores de Madrid; en la creación de la Banda del Cuerpo de Bomberos de Ponce; en la fundación de la orquesta de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Ponce conocida como La Progresista y otra llamada La Lira, [enero 1896] que también es el nombre de una de sus danzas. [En Caguas en 1905 también hubo una Sociedad Filarmónica con el nombre de La Lira] Además, Morel Campos tuvo una competencia muy fuerte. ya que en Ponce hubo la Banda Militar y La orquesta de Ponce y la Banda de Bomberos de Ponce dirigida por Eduardo Cuevas]. En San Juan el gran maestro Casimiro Duchesne tenía otra orquesta ejemplar.

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Los músicos contemporáneos de Juan Morel Campos

Nuestro imponente músico a partir de la década de 1880 hasta el mismo día de desencarnar contribuyó significativamente a crear en Puerto Rico un ambiente lleno de esplendor musical. Como parte de esa época y dentro de ese contexto artístico se establecieron en la Isla, particularmente en algunos pueblos unos focos musicales -Arecibo, Cayey, Humacao, San Juan, San German, Ponce, Mayagüez, Gurabo, Manatí, entre otros- que aportaron al país generaciones de grandes músicos. Algunos de ellos fueron contemporáneos de Morel Campos y participaron de una u otra actividad con el Maestro. Entre los más destacados mencionaremos a Domingo Cruz, Arístides Chavier Arévalo (1867-1942), Julio Carlos de Arteaga (1865-1923), Juan Ríos Ovalle (1863-1928), Casimiro Duchesne (1850-1906), Ángel Mislán Huertas (1862-1911), Fernando Callejo Ferrer (1862-1926), Rafael Balseiro Dávila (867-1929), Braulio Dueño Colon (1854-1934) y Amalia Marcano (1861-1942), por mencionar algunos músicos.

Juan Morel Campos murió muy joven, apenas contaba con 39 años. Trabajó incansablemente por amor a su tierra. Vivió y luchó a su manera por cultivar con su buena música la vida cotidiana de su gente. Su obra, especialmente sus danzas, captaron las cosas más cercanas de su pueblo. Escribió alrededor de 300 composiciones musicales. Nació y vivió muy pobre materialmente. Su inmenso amor por Mercedes Arias, gran pianista, compositora y educadora ponceña, logró inspirar las más hermosas danzas que todavía interpretamos y escuchamos.

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