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El regreso de Antonio Paoli en 1922 a un Puerto Rico diferente

regreso de Antonio Paoli
Tiempo de lectura: 18 minutos

El regreso de Antonio Paoli en 1922 a un Puerto Rico diferente

 

Néstor Murray-Irizarry, historiador  

www.casapaolipr.com

«Antonio Paoli llegó a su país en la década de 1920, al inicio de una crisis socioeconómica de raíces bien profundas, que también se reflejó en las artes».

Introducción

Antonio Paoli y Marcano, nació en Ponce el 14 de abril de 1871. En 1922 cuando tenía 51 años, había triunfado en los mejores escenarios del mundo de la ópera y era el tenor, según uno de sus historiadores, Jesús M. López, el mejor pagado del mundo. Ya había recibido importantes condecoraciones, tenía un repertorio envidiable y una experiencia escénica inimitable. Cantó óperas que todavía no se han vuelto a cantar.

Sin embargo, al regresar a su patria, particularmente a su Ponce natal, la mayoría de los miembros de la aristocracia ponceña desistió de asistir a los conciertos programados para llevarse a cabo en el Teatro Broadway. ¿Por qué sus paisanos no lo fueron a escuchar? ¿Qué razones poderosas tuvieron para hacerle un agravio a uno de sus hijos más prominentes? Observemos y analicemos los antecedentes, lo que escribieron los cronistas de esa época y cómo interpretan este comportamiento.

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1901: Luna de miel en Puerto Rico

Antonio Paoli en 1901, pasó su luna de miel en Puerto Rico, junto a su esposa Josefina Vetiska, particularmente en Ponce, donde fue recibido por familiares y amigos. Se hospedó en el Hotel Francés en donde, sus admiradores y los músicos del sur, le llevaron serenatas. Nuestro Luis Llorens Torres, amigo del tenor, coordinó parte de los agasajos que se le ofrecieron a los desposados. Paoli, primero cantó en la Iglesia Parroquial de Ponce (hoy Catedral) y posteriormente en la Iglesia San José y en la Catedral de San Juan en el Viejo San Juan, ante un nutrido grupo de personas.

A pesar de las difamaciones -según López – de uno de los comerciantes-hacendados, que despojó al padre de Antonio de sus bienes, pudo ofrecer cinco conciertos a teatro lleno: en el Teatro La Perla de Ponce los días 28-30 y 31 de mayo y el 2 y 21 de junio de 1901. Estos recitales se repitieron luego en San Juan los días 5,8 y 10 de julio en el Teatro Municipal (Tapia).  Además, cantó en Arecibo los días 12 y 15 de julio, y luego el 20 de julio en Mayagüez.

 

regreso de Antonio Paoli
Hotel FrancésLa llegada del Tenor

 

Paoli llegó a San Juan el 27 de junio de 1922, procedente de Barcelona y Cádiz. Fue recibido por un grupo de familiares, amigos y admiradores, quienes le ayudaron a cargar 30 baúles, repletos de sus vestuarios y adornos que usaba para sus personajes, además, de su ropa de uso casual. Según López, días antes de la llegada de Paoli a Puerto Rico, la prensa local, se dedicó a publicar noticias tomadas de la prensa italiana que narraban los triunfos, a nivel internacional, del célebre cantante, que hacía 21 años que no visitaba su país. De Puerto Rico viajaría a Nueva York contratado por la Academia de Música de Brooklyn para cantar diez funciones de las óperas Sansón y Dalila, y Otelo.

Los principales periódicos de Puerto Rico publicaron reseñas de conciertos que Paoli había celebrado en Europa: “Su voz es bella, extensísima, de agudos potentes y de dicción impecable. La figura de la persona, la magistral interpretación del artista, llena de todas las ingenuas dulzuras orientales y salvajes en la ira, es tal, que el Otelo encuentra un extremo viviente de la idea del compositor y del poeta.

Su salida ha dado clara y pronta la visión de que nos encontrábamos a un triunfador, de la escena: la potencialidad en El Esultate hizo saltar al público en una ovación solemne: Un Otelo magistral…’’, destacó el periódico Roma de Italia. Otro periódico local, que López no identificó, señaló que: ‘’Que venga Antonio Paoli, en buena hora, que sus compatriotas sabremos demostrarle que no en vano nos sentimos orgullosos de sus triunfos artísticos y su renombre universal.”

Ese mismo año le concedió una entrevista, al escritor puertorriqueño José A. Balseiro del diario El Mundo, en donde Paoli se expresó sobre su personaje de Otelo: “… Otelo es la ópera que me ha dado más renombre, pues le guardo más amor. Además, estoy muy bien con el tipo. Como tengo la mía barba no necesito de postizos que son tan fastidiosos.

Con solo ponerme un poquito de pintura, ya estoy caracterizado. Yo siento mucho ese personaje; lo vivo con toda su fuerza salvaje, con todos sus celos y pasiones y también con toda su ternura, porque en el amor de un salvaje puede haber tanta delicadeza como en el de una princesa… por lo menos yo lo creo así.  En esa obra me revelo mejor actor que en ninguna otra”. De las curiosidades que le dijo Paoli a Balseiro, citaré la más reveladora del carácter de nuestro paisano: “… Más que el canto y la literatura y los cuadros, me gustan los toros y los gallos! ¡Qué le parece! Dicen que en cada artista hay algo de loco y esa es mi locura”.

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Paoli fue homenajeado y agasajado en San Juan por los miembros del Casino de Puerto Rico y del Ateneo Puertorriqueño.   El 23 y 31 de julio de 1922 cantó arias de la ópera Otelo en el Teatro Municipal de San Juan, acompañado por la orquesta regular del Teatro, dirigida por Manuel Tizol; el 13 de agosto dio un concierto de arias de óperas en el Teatro Oliver de Arecibo, acompañado por la misma orquesta; el 16 de agosto estuvo en Ponce; el 22 de agosto ofreció un concierto de óperas en el Teatro América de San Juan, acompañado por la misma orquesta.

El decano de la prensa puertorriqueña, La Democracia, que se editaba en San Juan, publicó en su edición del 14 de julio de 1922:

“El insigne tenor Antonio Paoli obtuvo anoche un grandioso triunfo que habrá de recordar siempre… Nuestro pueblo tributó al eminente compatriota el homenaje de la más alta estima y del más ferviente afecto. Jamás, y en ningún tiempo, desde que se cantan óperas en el Teatro Municipal de San Juan, había existido una expectación tan grande, una curiosidad tan enorme, como la que se reveló anoche en el público, para reconocer la labor del gran tenor Antonio Paoli, en su obra favorita, Otelo”.

En otra crítica publicada en el mismo diario de San Juan se observa que:

“Más de la mitad de los parcos y parte de las lunetas, según pudimos advertir, estaban sin público, hecho que debe lamentarse en un país que se precia de culto, como este, y por donde el gran Paoli sólo pasa esta vez como un cometa, que tal vez no volvería más nunca a darnos esta gran oportunidad de verlo y oírlo…»

«Un detalle digno de ser reseñado en esta crónica fue el hecho de que anoche, en las afueras del Teatro se aglomeraron un inmenso público, mucho más numeroso que el que estaba dentro. Personas que vieron este público de extra, nos dicen que entre ellos había algunos hombres adinerados. Frente al camerino del gran artista se aglomeraron muchos fanáticos y le tributaron una ovación. Paoli que hacía rato estaba viendo allí a aquellos admiradores, cuando estaba próximo a empezar el tercer acto, dio permiso a los porteros para que dejaran entrar gratis a todos ellos. La función de anoche fue una cosa nunca vista en Puerto Rico…”.

 

 

regreso de Antonio Paoli
Plaza del Mercado, Ponce

 

 

El ambiente social, económico y político de Puerto Rico a la llegada de Paoli (1920-1929)

Antonio Paoli llegó a su país en la década de 1920, al inicio de una crisis socioeconómica de raíces bien profundas, que también se reflejó en las artes. El historiador Fernando Picó entendía que a través de la década de 1920 los problemas de la agricultura de Puerto Rico acapararon la atención de los sectores dirigentes.

El sector azucarero se había extendido y enfrentaba serios problemas de mercadeo; mientras que habían caído los precios de las cosechas del sector tabacalero. El cuadro se complicó con el paso en 1928, del temible huracán San Felipe y al próximo año con la Gran Depresión. Un grupo muy significativo de los grandes hacendados, particularmente del azúcar, pertenecían al Partido Unión de Puerto Rico. Los años gloriosos, iniciados en 1917- según Ángel G. Quintero Rivera- del Partido Unión finalizaron dos años antes de la visita de Paoli a su Patria.

En 1922, de acuerdo con el historiador Juan A. Giusti, varios disidentes del Partido Unión, incluyendo a Pedro Albizu Campos, habían fundado el Partido Nacionalista, en parte con fondos contribuidos por azucareros criollos. Se debe recordar que otros centristas criollos y euro criollos dominaban distintas zonas de la Isla, sobre todo la costa sur y este, donde las corporaciones norteamericanas tenían una presencia mayor. Ya para el 1928, el control de la industria azucarera cambió, las corporaciones norteamericanas controlaban más del 50 % de las tierras azucareras y producían más del 50 % del total del azúcar.

El extranjero se estaba quedando con la tierra; la bonanza del azúcar se desplomó y las ganancias se fueron para el extranjero. El pueblo se convierte en una manada de peones explotados. El poder político, económico y social también es controlado por el dueño de las tierras y por lo tanto los partidos también se nutren de un liderato afín con ese poder: el Partido Unión de Puerto Rico dejó a un lado la defensa de la independencia y se abrazó solamente a la estadidad, de ese desprendimiento nació el Partido Nacionalista; y el Partido Republicano Puertorriqueño adquirió más fuerza en sus intenciones de crear un ambiente a favor de la norteamericanización de Puerto Rico.

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Ese fue el ambiente donde tuvo que enfrentarse Paoli a su llegada a Puerto Rico, y una de las razones que se debe considerar que estimuló o provocó el ‘’agravio “que él sufrió en Ponce. Sin olvidar que fueron múltiples factores que incidieron  en el lamentable suceso: haber dejado a Ponce para el cuarto lugar en sus presentaciones artísticas.

La muerte de dos grandes admiradores de Paoli, José de Diego y  Luis Muñoz Rivera, y el rompimiento y la salida de líderes destacados en el Partido Unión de Puerto Rico, de los cuales estos, eran dos de sus grandes líderes. El avance del protestantismo en una ciudad eminentemente católica y romana en contraste con  las ideas religiosas de Paoli y de Albizu. Las contradicciones  que representaba la figura de Chavier Arévalo, en su condición de líder asimilista, enemigo de la danza puertorriqueña, que era el alma musical de Ponce, y en cuyo seno la inmensa mayoría de los músicos y de sus ciudadanos lo tenían como un himno (La Borinqueña).

La crisis  económica del movimiento obrero, y de las contradicciones ideológicas del líder asimilista Santiago Iglesias Pantín y de su Federación Libre de Trabajadores (Partido Socialista), y sus alianzas con el Partido Republicano; la llegada a la Isla en 1921 de un nuevo gobernante estadounidense, E. Mont Reily (Moncho Reyes), quien fue creando un antagonismo con el liderato del Partido Unión y del Partido Socialista, y que, en su discurso inaugural en 1921, advirtió que jamás habrá en esta isla sitio alguno que no sea para la bandera de las franjas y las estrellas.

En 1917 el Congreso de Estados Unidos les otorgó a los puertorriqueños, la ciudadanía estadounidense. Paoli continúo siendo ciudadano español, sin negar su puertorriqueñidad. Esta acción del Tenor le costó difíciles situaciones en donde sus enemigos lo utilizaron para difamar y señalar que había negado ser puertorriqueño.

Puerto Rico en Antonio Paoli

Uno de los más importantes periodistas que trabajaba en 1922 en el periódico El Día, Juan Braschi (Don Modesto, seudónimo de Juan Braschi), hijo del patriota Mario Braschi Rodríguez, esposo de Olivia Paoli, la hermana mayor de Antonio Paoli; escribió una de las columnas titulada Antonio Paoli: Impresiones y recuerdos, una de las más significativas que se publicaron con motivo de su visita a Puerto Rico. Juan, quien conoció muy de cerca la historia de la niñez y juventud de Antonio, narró el amor que nuestro Tenor sentía por su patria. Se vio obligado a abandonar su tierra natal:

“Cuando escribimos este nombre, lo primero que salta del viejo relicario, es este mote: Lala. Lala murió hace tiempo, y no ha podido ver, como hace veinte años, al Niño Toño (Paoli). Él lo habrá sentido mucho. Lala, una viejecita afro borinqueña, fue la niñera de Mario Braschi (y de Antonio), el glorioso periodista de pretéritos tiempos. Carlos, el bravo militar español que ha tenido la lona de sus tiendas, definitivamente, en el suelo del doctor Rizal, hasta Amalia, Manolo, Antonia, Sarito, Domingo y Francisco, estos tres últimos ya durmiendo en la eternidad…

 

regreso de Antonio Paoli
Los primeros artistas en grabar una opera completa. De izquierda a derecha: Francesco Citada (barítono), Giuseppina Huguet (soprano), Maestro Carlo Sabaino, Leoncavallo (compositor), Antonio Paoli (tenor dramático), Ernesto Badini (barítono), Caetano Pini-Corsi (tenor lírico). 1907. (Suministrada / Casa Paoli)

 

Cuando Amalia se decidió a llevar con ella a Madrid a sus hermanos Sarito (Rosario) y Antonio, quien destruyó cuanto se le había preparado para el viaje, y poco más se queda en Puerto Rico, si no es por la intervención enérgica de Mario.

Toño estaba por entonces en plena adolescencia, y se hallaba encantado con las travesuras que perpetuaba, gozando y riendo a mandíbula batiente cuando Juan Bocú se quebraba un ladrillo de Arabia sobre aquel cráneo, el de Bocú, que parecía de acero samurai. Y prefería ser la cara de un célebre tocador de bomba nombrado Serrallés, o irse a zambullir en el peligroso Zanjón, acompañado de Juan Jícara y del joven Antonsanti para después pisar el baño con sardinas de colen (sic) y otras frugalidades. A lo mejor, Toño, se agarraba a las trompadas con cualquiera. Era temible como boxeador.

Una vez, tendido el torrente llovedizo en la calle Salud, fue a cruzarlo andando de manos, y se fracturó un brazo. Corría a caballo como el mejor jockey. El mismo loco, doña Máxima, en las calambreñales de las orillas del río portugués, lo respetaba. A su amor y vocación por los ejercicios al aire libre, desde muy niño, persiguiendo canarios por “Piedras Blancas”, trepando altos árboles, por Bucaná o San Antón, debió, sin duda, formarse fuerte como Hércules, con músculos de hierro, y sano y gentil.

¡Cuánto tiempo ha pasado! Hoy es Antonio una de las legítimas glorias del mundo lírico… Y cuando le sabemos de nuevo pisando la tierra que lo vio nacer, cargada de su hermosa y noble frente con los más preciados laureles, la tristeza prende nuestra alma gasas crepusculares (sic), y los recuerdos proyectan en el corazón lancinantes melancolías! ¡Son añoranzas tan queridas y dolorosas!… Amalia, Julio, Mario, Domingo, Paco, Lala, y sobre todo nuestra Lala, de la que nadie puede acordarse con más amor y lágrimas que nosotros… Tal vez no volvamos a ver a Antonio, si la casualidad no le hace volver a contemplar en Ponce los sitios por donde su niñez fue acaso lo más bello de su vida. Es su pueblo el que debe moverse con todo entusiasmo, para oírle y envolvernos unos instantes en la inmarcesible gloria del insigne artista”.

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Antonio Paoli estaba muy feliz. Los conciertos celebrados en San Juan fueron apoyados por un grupo significativo de personas que le demostraron su gran admiración y respeto. En San Juan, no tan solo fue recibido en el puerto por admiradores y familiares, sino que lo ovacionaron en sus presentaciones. En igual actitud fue recibido por sus admiradores y amigos de Arecibo y su concierto, celebrado en el Teatro Oliver, también fue muy concurrido. Así que el Tenor esperaba que ocurriera lo mismo en Ponce.

¿El “agravio” en Ponce?

Anterior a su llegada a la Perla del Sur, los administradores del Teatro Broadway (el Teatro La Perla estaba en ruinas) colocaron al frente del teatro grandes carteles anunciando el gran acontecimiento lírico. Paoli llegó a Ponce y nadie lo recibió. Se hospedó en el Hotel Meliá. Solo se habían vendido 40 boletos para la noche de su debut, el 16 de agosto de 1922.

Al enterarse de la poca venta de boletos, mandó a rebajar los precios de entrada, para hacerlo más asequibles a sus paisanos. Esa acción de buena fe no cambió el panorama. Sin embargo, la función se llevó a cabo y Paoli cantó con toda la emoción que lo caracterizaba el repertorio que se programó para esa noche: O Paradiso, La Africana; Si, lo Llamo, Mademoiselle de Belle-Isle; Celeste Aida, Aida; Bianca al Par, Hugonotes; Monólogo Dio, Otelo; Ora Per Sempre Addio, Otelo; Ah, Si Ben Mio, El Trovador; Di Quella Pira, El Trovador; y Esultate, Otelo.

Casco que Paoli utilizó como parte del vestuario de su personaje Vasco da Gama en la ópera La Africana en La Scala de Milán en 1910. Objetos donados por Jesús M. López y la familia Paoli a Casa Paoli.

Entre los asistentes a este concierto se encontraban Miguel Pou, Librado Net, y Julio Alvarado. Además de Pedro Albizu Campos, Francisco Parra Capó, alcalde de Ponce, Guillermo Cintrón, entre otros. Al Paoli enterarse de que se habían vendido muy pocas localidades para una segunda función, ordenó cancelar esa función. También pidió que se colocará un rótulo que decía: Concierto de esta noche cancelado por falta de interés del público.

Se fue al Hotel Meliá – relata López – y le ordenó al mozo del restaurante un variado menú de platos. Invitó a Pedro Albizu Campos y al musicólogo Arístides Chavier Arévalo, a cenar con él. Mientras tanto se congregó frente al Hotel una gran cantidad de público que lo aclamaba. Paoli, después de cenar, salió al balcón, acompañado de Albizu Campos. Quien habló en nombre del tenor, excusándose porque no podía cantar, hasta seis horas después de ingerir alimentos.

Al rato llegó el alcalde de Ponce, junto al músico afropuertorriqueño, Juan Carlos Ramos, Eustaquio Pujols y Fausto Percy a invitarle a asistir a un homenaje sorpresa que se le preparó en el Club Juan Morel Campos. Paoli se dirigió al Club, acompañado de una gran masa compacta de personas, la mayoría de ponceños humildes. Todos le pedían perdón por lo sucedido, a lo que nuestro tenor respondía que nadie tenía la culpa de lo decidido.

Allí encontró un ambiente muy festivo: el musicólogo y compositor afrodescendiente, Federico Ramos Escalera, interpretó obras de Morel Campos y de su propia inspiración. Al regresar el Tenor al Hotel, lo volvió acompañar el nutrido grupo de amigos y simpatizantes con aclamaciones y vivas continuos… Al otro día Paoli marchó de Ponce para no volver jamás.

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al son de maelo

La opinión pública

El diccionario Clave de uso del español actual (2000, SM) define “agravio” como “Ofensa o insulto muy grave contra la honra o dignidad de alguien”. También como “Perjuicio que se hace a alguien en sus derechos o en sus intereses”. Me parece que las razones del suceso de la segunda visita que le hace Paoli a Ponce es uno complicado, profundo y de múltiples consideraciones. No se debe despachar con simples comentarios. Fue un momento para él, de gran frustración y de gran tristeza, pero no se sintió derrotado. Según López para Paoli fue una tremenda afrenta y le juró a su hermano Manuel que jamás volvería a Ponce. Así lo hizo, jamás volvió.

Yo considero que Paoli reflexiona con su hermano Manuel, e invitó a cenar esa misma noche (del desprecio al Tenor por la mayoría  de los integrantes de la  sociedad aristocrática ponceña) a sus dos grandes amigos y disidentes para que le ayudarán a tratar de comprender las posibles razones del agravio:

Al maestro inteligente, Arístides Chavier Arévalo, músico, compositor y aristócrata, ex estudiante de los profesores más destacados del Conservatorio de Música y Declamación de París. Conservador y erudito de la musicología y musicografía europea, crítico de la música regional puertorriqueña (la danza). Anticlerical hasta los huesos y defensor de un Puerto Rico moderno (bajo Estados Unidos), un Puerto Rico anticuado (bajo España). Y a Pedro Albizu Campos, líder político independiente, conocedor del país y su gente como pocos, orador de primera línea. Católico apostólico y romano como Paoli. Ex estudiante de ingeniería y de derecho de las universidades de Harvard y Vermont, poseedor de una gran inteligencia analítica y militar.

Era una forma muy astuta de dialogar y analizar objetivamente, con sus dos amigos, la delicada situación por la que estaba pasando nuestro tenor. No olvidemos, que cuando varios de los miembros de la multitud que lo acompañó, desde el camino del Hotel Meliá hasta el Club Juan Morel Campos en Ponce, acusaban a los integrantes de la alta sociedad de su desprecio, Paoli le respondía que nadie tiene la culpa.

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Un periódico de circulación nacional, en su edición de 22 de agosto de 1922, publicó un artículo firmado por la muy querida y recordada Trina Padilla de Sanz, quien comentó, refiriéndose al triste incidente de Ponce: “… Que Paoli ha sido desestimado allí, en su pueblo natal, ¡Que mancha para el país… Imborrable! … No hay que dudarlo, somos unos pobres arrojados hace tiempo del antiguo exilio de los griegos por el delito imperdonable del búho… Los que vemos con claridad nuestros defectos, ¡y los que nos atrevemos a proclamarlos…! ¡Pobre país mío!… Lisiados del alma, analfabetas del espíritu, para ellos no se hicieron las cumbres”.

¿El “desagravio”?

Me pregunto si fue realmente un agravio. Me imagino el dolor que le causó a Paoli esa triste situación. No tengo duda de eso, sin embargo, creo que la poeta, gestora cultural, músico y maestra Trina Padilla de Sanz, dio en el clavo, al señalar que “hace tiempo ya no éramos los mismos”. Después de la invasión de las Fuerzas Armadas estadounidenses en 1898 a Puerto Rico, todo, incluyendo los gustos e intereses de las nuevas generaciones, cambiaron. Para el escritor Francisco Manrique Cabrera fue “una quiebra, un corte violento, tan rudo como imprevisto y enigmático”.

Claro, esto no justifica esa mala acción. La ópera, en 1922, no ocupaba el mismo sitial que en 1901, y que hizo de Ponce a finales del siglo XIX, y principios del siglo XX, una plaza codiciada por las compañías europeas que visitaban la Isla.

regreso de Antonio Paoli

Si revisamos dos publicaciones fundamentales que nos ayudan a pensar que estos cambios ocurrieron. Una es Orígenes y desarrollo de la afición teatral en Puerto Rico de Arturo J. A. Pasarell (1970). Además de Actividades musicales en Puerto Rico de Catherine Dower Gold (2006)- observarán el tipo de eventos que apoyaban los habitantes de Ponce de esa época. Notarán que hay una gran tendencia a obras de teatro vinculadas a la comedia o a la zarzuela. También pudo ser a compañías extranjeras que nos visitaban por largas temporadas, como los bufos cubanos.

Hay un grupo de estudiosos que piensan que no fue un agravio sino más bien tuvo que ver con un cambio generacional. Que también creó una nueva visión de mundo, parafraseando a Chavier Arévalo.

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También pudo ocurrir lo que nos enseñó nuestro maestro de la literatura naturalista, Manuel Zeno Gandía, específicamente en su obra El Negocio (1922) -a pesar de que la trama de la obra se remonta a los años finales del siglo XIX-. Que las relaciones sociales, en una ciudad-puerto y en una colonia cerrada dedicado a la exportación fueron concebidas como un producto de las fuerzas económicas.

Y que al decir del historiador Pedro L. San Miguel, refiriéndose al pensamiento de Zeno Gandía y al legado que nos dejó España, al fomentar: “… esa mentalidad mercantilista y utilitarista que degrada al país, y que socavar o hasta impedía el surgimiento de un pueblo debidamente constituido y el florecimiento de una sociedad verdaderamente culta” […] O que sencillamente es un ser humano que se “…refugia en el utilitarismo y abandona todo principio de solidaridad y lealtad. O la infamia que produce el mercado en muchas personas: ‘’el envilecimiento de las conductas”.

No tengo duda que Antonio Paoli Marcano trascendió como lo que siempre fue, es y será. El más grande tenor puertorriqueño de toda su historia musical. El tenor más valioso del hemisferio Occidental y uno de los tenores más imponentes del mundo! ¡Salve Paoli!

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Comments 1

  1. Avatar J. Roberto Ramirez Vivoni says:

    Muy interesante artículo sobre una fase de la vida del famoso Antonio Paoli Marcani, conocido en su época como «Rey de los tenores y tenor de los Reyes». Paoli era hijo de un emigrante corso (1842, don Domingo Paoli Marcantettti, ) qjuien se estableció originalmente en Yauco, como mucho de los corsos que llegaron a Puerto Rico. Su procedencia es de Canari, una comuna al oeste del Cabo Corso. Don Domingo estableció la hacienda Fé en el barrio Capitanejo. En el artículo se menciona otro descendiente corso de apellido Guisti. Nuestras felicidades. Roberto Ramirez Vivoni, pasado presidente de la Asociación de Corsos de Puerto Rico..

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