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Luis Muñoz Rivera: el hombre patria, lucha entre dos siglos… de la ilusión al desengaño 

hombre patria

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Luis Muñoz Rivera, el hombre patria y el león como lo llamaron sus adversarios y como lo reconocieron sus correligionarios, fue un líder amado por su pueblo.

Por Elsa Tió

 

Porque sintieron el amor que éste le profesó al país, desde una integridad, lealtad, valor y combatividad inextinguible. Por décadas el pueblo lo vio sufrir y ser víctima de persecuciones de parte de dos imperios. Luis Muñoz Rivera el hombre patria, el mismo que estuvo 42 veces presos, los combatió, sin embargo no fue enemigo de ninguno de los imperios. Pero sí de sus injusticias. Nunca dudo en defender a Puerto Rico, en su afanosa búsqueda de alcanzar un gobierno propio y mayores poderes autonómicos desde la amistad y no por ello menos combativo. A los 39 años, en noviembre de 1897, ya había logrado con España, nuestra primera Constitución Autonómica. Pero en un abrir y cerrar de ojos, en 1898, Puerto Rico fue invadido por Estados Unidos.

Esta brutal derrota de ver destruida la causa de una vida, y ver hecha triza la Constitución, y con ello la esperanza de forjar un mejor país, hubiera derrumbado a cualquier hombre. Pero Luis Muñoz Rivera se levantó con más fuerza para seguir defendiendo a Puerto Rico, ganándose la devoción, y admiración de todo un pueblo. La derrota, no la convirtió en resentimiento, sino en nuevos bríos de lucha, buscando siempre el consenso y la unidad. El amor a su país primaba sobre todas las cosas. Su sobrina y ahijada la poeta Clara Lair cita a Luis Muñoz Rivera: “Tengo la bravura de la victoria y tengo aún más la bravura después de la derrota”.

El pueblo se conmovió al verlo erguirse y levantar su voz de protesta en 1900, cuando nos impusieron la tiránica ley Foraker, que nos dejó sin un ápice de soberanía. Al principio Muñoz Rivera, aunque con reparos, ante un hecho consumado espera que Estados Unidos, extienda a Puerto Rico las conquistas democráticas del país de las libertades. Al comienzo el General John R. Brooke (1838-1926) al mando en Puerto Rico, prestaba atención al Gabinete Autonómico en asuntos de gobierno de la isla.

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Ante la nueva realidad, Muñoz Rivera, piensa servir a la Nueva metrópoli que acaba de asegurarle el bienestar y el estado de derecho para Puerto Rico.  Sin embargo, llega con el general Guy V. Henry (1839-1899) otro revés, cuando a finales del 1898 y para febrero de 1899 este general, hace desaparecer el gabinete autonómico, le quitan poderes eliminando los secretarios del Consejo, y nombrando a esos puestos a norteamericanos. Para el 1900 al imponernos la tiránica ley Foraker, comprobó que las promesas del general Miles de otorgar mayores libertades fueron falsas.

Por ello, el 25 de julio de 1900, el Partido Federal se negó a celebrar la entrada de los americanos por Guánica. Dos días después Luis Muñoz Rivera explicaba los motivos, comparando el nuevo régimen bajo la ley Foraker con el Gobierno Autonómico y cito:

“El Gobierno americano encontró en Puerto Rico una autonomía más amplia que la de Canadá. Debió respetarla o ensancharla y solo quiso y pudo destruirla. Teníamos además un presupuesto con superávit, teníamos un idioma oficial, en que era fácil entenderse con los gobernantes, teníamos municipios autónomos y libres por la ley. Hoy tenemos municipios sometidos a la tutela del Gobernador civil en asuntos políticos, y a la tutela del tesoro central en asuntos económicos y administrativos. No se creó un cuerpo de Policía para el provecho de un Partido adulador…”

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Para entender la indignación de Luis Muñoz Rivera ante ley Foraker, veamos cómo nos explica nuestra primera Constitución: “Habíamos alcanzado un régimen de amplísimo gobierno propio, discutido y votado por el Congreso español sobre la base del sistema parlamentario que, practicaban todas las naciones europeas. España enviaba a la isla un gobernador equivalente, por su carácter dentro de la ley, a un soberano constitucional que reina y No gobierna, (como en Canadá). Los miembros del Gabinete, sin cuya firma no tendrían validez ningún acto ejecutivo, eran naturales de la isla y la administración en su totalidad estaba en manos de los puertorriqueños. El Congreso español conservaba, es cierto, la potestad de hacer leyes estatutarias para Puerto Rico, pero en aquel Congreso español, había dieciséis Representantes y tres Senadores puertorriqueños con voz y voto. Y todas las leyes insulares se hacían en el parlamento insular”.

El despojo de nuestros poderes sucedió con el aplauso del sector incondicional y asimilista del patio que hacían alardes de sus sentimientos anexionistas, y apoyaban la americanización a cualquier precio. El drama se agrava porque este cambio de soberanía nos toma con un país divido. Por ello surge la petición de Muñoz Rivera a la disidencia, para unirse y juntos pedir libertades para un gobierno propio para Puerto Rico.  Esta petición del hombre patria se estrella desde el principio con el rechazo de los incondicionales republicanos del patio, que gozaban de la aprobación y complicidad del gobierno norteamericano.

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Objetó Luis Muñoz Rivera con todas sus fuerzas la disposición de la Ley Foraker de crear una sola cámara, y más aún, rechazó que se impusiera como requisito ser hacendado para votar en las elecciones. En 1899 quedó constituido el Partido Republicano, y el Partido Federal. Interesante destacar que al comienzo ambos líderes, representados por José Celso Barbosa como republicano y los federalistas representados por Luis Muñoz Rivera el hombre patria, ante la promesa del General Miles propulsaron la americanización.

La palabra americanización no significó lo mismo para ambos bandos. Para los Republicanos la americanización, era la asimilación a cualquier precio. En el caso de Muñoz Rivera, la americanización era alcanzar derechos y bienestar que encarnen y sinteticen la voluntad y la conciencia del país. Propulsaba la afirmación puertorriqueña. El partido federal, repudiaba los cambios que fue imponiendo el gobierno norteamericano en la isla, como el intento de suplantarnos la lengua, el despojo de las tierras, y el control absoluto del gobierno en manos norteamericanas.

Luis Muñoz Rivera repudió abiertamente, la Ley Foraker:

“Se nos arrebata lo que es nuestro, lo que nos pertenece, el derecho a elegir nuestros funcionarios, de votar por nuestros tribunos, de dirigir la marcha de nuestra isla, de ser los amos en nuestra propia casa”.

La estadidad que al principio apoyó Muñoz Rivera en la plataforma del Partido Federal, pensando que se trataba de libertades parecidas a las conseguidas con España, es eliminada. Luis Muñoz Rivera, disuelve el Partido Federal y, desde el periódico La Democracia combate las medidas legislativas que no respetaban nuestra personalidad de pueblo; la propia democracia y que desmantelaban nuestra economía agrícola. Y ello da paso a crear el Partido Unión de Puerto Rico. Que fue su clamor de unidad para luchar juntos con mayor fuerza antes las arbitrariedades e injusticias, contra la asimilación y la anexión.

Como bien interpretó el escritor y periodista Salvador Tió Montes de Oca: “La invasión nos dividió entre el entreguismo fácil y la resistencia difícil”.

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Por eso entendemos el grito desgarrador de Luis Muñoz Rivera al reafirmarle al pueblo:

“La fuerza del país está en el país”, “Puerto Rico para los puertorriqueños”.

Luis Muñoz Rivera el hombre patria, se dio cuenta que la estadidad del Partido federal no era la República entre repúblicas y afirmó:

«El anexionismo se me figuró siempre absurdo, deprimente, inconcebible… Sería una calamidad”.

Temiendo por su vida y la de su familia, ante intentos de asesinato por sus fuertes campaña en la prensa, ya había sufrido la fabricación de un caso. Además le habían destruido su imprenta por las turbas republicanas, que actuaban con el apoyo del gobierno. Es nombrado en 1913 por el Partido Unión, para ir como comisionado Residente a Washington, dejando en la cabeza del partido a Antonio R. Barceló Y va con un proyecto y encomienda de alcanzar poderes para Puerto Rico. Redacta un borrador de consenso, que ausculta con el país y que presentaba el sentir del liderato político. Consigue la Ley Jones, que no representaba las aspiraciones de gobierno propio, pero era muy superior a la ley Foraker.

No nos extraña que, aquel hombre patria, vigoroso de 6 pies, y penetrantes ojos azules, luego de tanta lucha, y sufrimientos, muriera antes de tiempo, a los 56 años. A su muerte el pueblo se unió en una funerales apoteósicos. En que el pueblo, por primera vez, surgió como una fuerza colectiva, como un país. Pero eso también es otra historia.

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