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Opinión | Viernes Santo con la escoba a cuestas

Viernes Santo

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Tiempo de lectura: 8 minutos

Imagen: Una embarcación privada llegando al puerto de la Guardia Costanera con el cuerpo de una pasajera fallecida el Viernes Santo (US Department of Defense / AGPR).

 

¡Qué triste aquel Viernes Santo! Nunca lo podré olvidar. Abril de 1952: otro día aburrido de Semana Santa, especialmente para una adolescente como yo. Ayuno, abstinencia, música aburrida, y sólo películas religiosas. Todos los negocios y lugares de entretenimiento cerrados, incluso el hipódromo. Siendo mi padre fanático del hipismo y propietario de algunos caballos, el que no hubiese carreras lo ponía de un humor de perros. Después de varias semanas de cuaresma sin bailongos, yo no veía la hora de que llegase el Sábado de Gloria para ir a bailar a la Casa de España.

El Viernes Santo, por el Viejo San Juan, con el fin de visitar todas las iglesias y capillas, se desbordaban las beatas -junto a otras que distaban de serlo- vestidas de luto y luciendo sus más elegantes mantillas negras.

Este Viernes Santo del 1952 era un poco diferente para mi familia. Debíamos apresurarnos para llevar a Novetah al aeropuerto. Nove había venido de Nueva York a San Juan a visitar a su hermano Frederick Holmes, mi adorado abuelo adoptivo, y se le antojó viajar de regreso, ese día sagrado, para poder pasar el domingo de Pascua Florida con su esposo, Dean Davenport.

  • Papi, según las monjas, uno no debe de viajar el Viernes Santo!
  • Por supuesto, pero Nove no cree en esas supersticiones. Como es experta en aviación, jura y perjura que nada ha de pasar.
  • ¿Y, cómo así?  ¿Experta en qué?
  • ¿No te acuerdas, nena? Novetah Holmes es una de las primeras diez mujeres piloto de los Estados Unidos. Es colega de Amelia Earhart y mantenían correspondencia. ¡En una ocasión Nove me dio a leer una carta que había recibido de Amelia!

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Mi padre interrumpió nuestra conversación para pedirle a mi madre que le trajera el chaquetón:  ¡Ese no, Mercedes! ¡El otro! El que tiene la cinta negra en la manga; hoy es día de luto!

Pese a las demoras, llegamos a tiempo para recoger a Nove. Tuvimos que esperar por ella porque se había requedado en la terraza contemplando por última vez la bahía del Condado. Cuando al fin bajó las anchas escaleras de la casa de abuelo en la calle Cuevillas vimos que en una mano cargaba una maleta y, en la otra…una escoba ¡Ay, San Pascual Bailón! – gritó mi papá. –¡El Viernes Santo Cristo cargó una cruz, y Novetah se va con una escoba a cuestas!

Novetah no lo dejó proseguir con sus críticas y afirmó en inglés: Alfredo, don’t ask me to leave this broom! It was made for me by the Girl Scouts of Porto Rico! The Girl Scouts has a place in my heart, for I participated in organizing a branch in the island. I’ll always help them!

Incluso en el Aeropuerto de Isla Grande (el más grande en la isla en aquel entonces) ella convenció al piloto para que le permitiera mantener la escoba con ella en su asiento del avión. ¡A papi se le puso la cara como un tomate! Afortunadamente, el vuelo DC-4 de la Pan American partió justo a tiempo a las 12:11 de la tarde y mi padre pudo volver a respirar en paz.

La ciudad parecía un cementerio. Solamente las procesiones del Viernes Santo que se llevaban a cabo en algunos pueblos impartían color. Decidimos recoger a mi madre para ir a varias ciudades cercanas a ver algunas procesiones. Esto le daría a mami el “placer” de llorar ante el Cristo que apenitas podía arrastrar la cruz. En realidad, los que representaban a Jesús en esas procesiones partían el alma, pues siempre se trataba del tipo más enclenque de cada pueblo.

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De camino al primero de esos pueblos, mi padre prendió la radio y de inmediato empezó a quejarse porque en todas las estaciones sólo tocaban himnos religiosos en latín o la más aburrida selección de música clásica.

Inesperadamente, los himnos fueron interrumpidos:  “Trágico anuncio: a nueve minutos del despegue, un avión que partió de San Juan al aeropuerto de Idlewild en Nueva York, se estrelló en el mar, cerca del castillo del Morro del Viejo San Juan”.

Un sobreviviente es sacado de la embarcación del Servicio de Rescate en una camilla (US Department of Defense / AGPR)

Al poco rato confirmamos nuestras dudas: el avión era el Clipper Endeavor. ¡Mi padre dio tremendo frenazo! Sabíamos de sobra cuán profundo y peligroso era ese punto del mar. Volamos en el carro hasta el aeropuerto. Ya estaba repleto. Llantos, gritos, preguntas por doquier y miles de carreras al baño. Ni siquiera los baños servían de alivio. Los constantes anuncios alarmantes durante esas largas horas nos dejaban sobre ascua: “Falló un motor, el segundo motor dejo también de funcionar… el avión se desbarató… los socorristas están luchando para salvar algunos de los 64 pasajeros que iban a bordo”.

Mientras tanto, nosotros nos turnábamos llamando a abuelo para reasegurarlo con nuestras esperanzas de que su hermana estuviese entre los sobrevivientes. Pero él bien sabía que esa era una lejana posibilidad. Ya abuelo estaba viejo y apenas salía de su casa, pero cabe recordar que en su juventud, mi abuelo, Frederick Holmes, fue de los americanos que contribuyeron grandemente al desarrollo de San Juan. Junto con su hermano, fundó la Plaza Provision Company, la cual por años estuvo ubicada en la calle Charles Allen #7 (hoy, calle Fortaleza) a unos pasos de la Capilla del Cristo y a una cuadra de la Fortaleza.

 

Viernes Santo
Plaza Provision Company, cuando estaba ubicada en la calle Charles Allen #7 (hoy, calle Fortaleza). Suministrada.

 

Fue presidente de la Cámara de Comercio a principios de la década de 1930, cuando todavía se denominaba La Lonja de Valores y Víveres de San Juan (Assets and Provisions Exchange), además colaboró en la fundación de la Iglesia Episcopal y del Hospital Presbiteriano. Abuelo Holmes no llegó a la isla por el 1912 para disfrutar de la playa y de sus encantos; llegó para ayudarla a crecer.

Luego de una eterna espera, se escuchó por el altoparlante del aeropuerto un anuncio en inglés: Some survivors will soon deplane from the rescue craft! Deplane” es una palabra en inglés inventada por Dean Davenport, el esposo de Novetah, por lo cual fue formalmente acreditado.

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Cientos de personas se empujaban en su afán de ver si sus seres queridos se encontraban entre los escasos diecisiete rescatados.

¡Gracias, Dios mío! Entre las primeras personas en entrar al gran salón estaba Novetah. Caminaba con dificultad y un niño rubio venía agarrado con fuerza de su mano. Era obvio que el chiquitín estaba muy asustado, que temía soltarse de Novetah y mucho menos de la escoba que él empuñaba con la otra.

Abrazar a Novetah fue una alegría indescriptible. Al poco rato, con dificultad, nos explicó su hazaña: la escoba se atascó en un ala del avión pero ella se las arregló para soltarla y usarla a manera de tabla de salvación. Fue en esos momentos que alcanzó a ver a un niñito que sacaba su mano del agua en desesperada búsqueda de ayuda. Se percató de que únicamente “a punta de escoba” podría alcanzarlo. ¡Fue un milagro! El chiquillo empuñó su escoba de salvación, Novetah la haló y le salvó la vida. (Durante las cuatro décadas siguientes, hasta que a Novetah le llegó la hora de su muerte, ese muchacho se mantuvo en contacto con ella.)

El niño Mark Van Daglen de Minnesota en una ambulancia militar (US Department of Defense / AGPR)

Dean, el esposo de Novetah, vino en avión al día siguiente, el Sábado de Resurrección, a recogerla para regresar a Nueva York ese domingo. Cuando mi padre los recogió para llevarlos al aeropuerto, le preguntó a ella por la escoba. Con lágrimas en los ojos le contestó que el niñito a quien ella salvó se la había pedido.

Fue después de este accidente, impulsadas por las protestas y críticas a las líneas aéreas escritas por Novetah Holmes Davenport debido a la falta de información a los pasajeros concernientes a medidas de seguridad antes del despegue –todas ellas publicadas en revistas de aviación– que en las aeronaves se implementaron las demostraciones de seguridad antes de partir.

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https://www.eladoquintimes.com/directorio_icp/

Desde esta tragedia, por décadas, en Viernes Santo, entre himnos religiosos, las estaciones de radio siempre tocaban una canción compuesta para conmemorar esa tragedia: “¡Que triste fue el Viernes Santo! Murieron nuestros hermanos que volaban a New York”. .

En esa famosa canción, el compositor, Rafael Hernández, menciona a una señora que salvó a un niño de morir ahogado. Creo saber quién fue esa gran mujer. El primero de todos los Viernes Santos, Cristo cargó su cruz. Siglos después, un soleado Viernes Santo, Novetah viajó con escoba a cuestas. ¡Ambos resucitaron!


Novetah Holmes Davenport fue una de las primeras diez mujeres piloto de los Estados Unidos. Su nombre aparece, a perpetuidad, en la Wall of Wings del International Headquarter. Ella enfatizó la importancia de la aviación en el mundo moderno. Luego ganó un premio del Ninety-Nine Inc, una organización internacional de mujeres pilotos, la cual fue establecida por 99 mujeres cuya misión fue la de promover el progreso de la aviación.


Sobre la autora Margarita Montalvo nació y se crio en Puerto Rico, actualmente reside en el estado de Washington. Es traductora certificada y por décadas estuvo empleada en calidad de intérprete judicial en el estado de Nuevo México. Su libro bilingüe de fábulas poéticas Zoológico de poemas / Poetry Zoo, escrito en español, traducido al inglés e ilustrado por ella, ganó el Latino Book Award en 2005 en la categoría de “Best Bilingual Picture Book”. Con su esposo, el psicólogo Braulio Montalvo, escribió el libro: Hilachas, Personajes inadvertidos y sucesos olvidados de un pueblo chiquito: Aguadilla, Puerto Rico.

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