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Talento [787] Pedro Guzmán

Pedro Guzmán

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Tiempo de lectura: 6 minutos

Pedro Guzmán. Foto por Wilma Colón. Suministrada.

¿Pedro Guzmán dónde te criaste y cómo era el ambiente musical en la época cuando comenzaste en la música? 

Me crié en el Barrio Río de Guaynabo, un barrio de mecánicos, de camiones, de billar, de barra, no era un ambiente muy musical. La música que oía era de vellonera, de la radio, la iglesia con sus cánticos, misas de aguinaldo y en la televisión escuchaba los tríos y el Gran Combo en el Show del Medio Día. En la escuela había una tuna en la que mi hermana cantaba y fue la música de cuerdas la que me atrajo.

De niño me imaginaba tocando la guitarra hasta que me regalaron una de plástico. Fue cuando entré en la tuna, fue ella la que me liberó como músico; pude experimentar muchas canciones y aprender a montarlas de oído. Eventualmente fui a la Escuela Libre de Música de Caguas y estudié un semestre de guitarra y otro de bajo, pero, o no era buen estudiante o los maestros no lo eran y lo dejé. Era una época de mucha música, de grupos bailables, de marquesinas, bandas de jazz, salsa y de rock, por cierto, de niño quería ser rockero.

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¿Mencióname algunos momentos claves que han definido tu trayectoria profesional?

Conocía a Coqui Rodríguez de la escuela superior, él tenía un quinteto y entré en él como bajista; ahí cambió la historia, porque luego toqué con muchas orquestas, acompañé a artistas, me fui de gira por la Isla y a Perú. Entré a un nuevo mundo que no conocía, yo era un jibarito del Barrio Río con 15 años y no conocía el ambiente que reinaba en San Juan y su vida nocturna, algo impresionante. Fue Coqui quien me dijo que aprendiera el cuatro. Desde ese momento no me separé de él y comienzo a tocar con Haciendo Punto en Otro Son, grabar con José Nogueras, Danny Rivera y muchos otros cantantes; también fui a la televisión. Estos fueron momentos que transformaron mi vida.

Pedro Guzmán

¿Háblame un poco de Jíbaro Jazz? 

A mí me atrajo todo el aspecto del jazz por la melodía, la instrumentación, la digitación por la presión.  Encontré que el jazz era de la música más difícil de interpretar y a la vez la más fácil de digerir para un músico. Como que era parte de mí y tenía que estar ahí. Sentía que una parte de mí estaba muy adelantada y yo quería llegar a esa parte tan adelantada en la cuestión de la música. Era como una espiritualidad, me quería integrar con eso que lo sentía por dentro.

Ese amor al jazz fue la clave para crear Jíbaro Jazz y quedé sorprendido de la acogida que tuvo, privilegiado. Porque no imaginé que fuese a tener esa aceptación. No han estado todos los músicos que empezaron conmigo, pues tú sabes que cuando quieres llevar un producto a lo máximo, pues hay que innovarlo y empecé hacer fusiones con la música típica puertorriqueña con la batería, con sintetizador, con la bomba, la plena; necesitaba otro tipo de instrumentación para lograr ese propósito.

Después volví a lo original, ahora mismo estoy en lo original con el bongo, la guitarra, el güiro y el cuatro. A veces invito al pianista y/o un violinista. Mi propósito era que la gente escuchara Jazz para ayudarlos a crecer espiritual y musicalmente. La gente comienza a conocer el jazz, pero a través de ritmos que son conocidos para ellos y me decían, “Pedro Guzmán, a mí no me gustaba el jazz, pero al escuchar tu música ahora me gusta el jazz”. Ese era el propósito.

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Usas un cuatro con un diseño peculiar no tradicional. ¿Pedro Guzmán crees que el cuatro continúa en plena evolución?

Los cuatros que uso, los artesanos los construyen y yo se los pido. Les puedo pedir modificaciones como el caso de “Guilín”, que le pedí un cuatro de cinco cuerdas para hacerlo Midi que fue el primer cuatro -tipo- Midi que hubo aquí en Puerto Rico, pues recién llegaba. Mi cuatro acústico es de Eugenio Méndez, el cual fue el primero que compré y todavía lo conservo. Esos cuatro huecos es un diseño que cogieron de las guitarras Yamaha que eran así tipo esqueleto, y aquí los artesanos pues copiaron ese diseño con los cuatros.

Uno de los primeros fue Freddy Burgos, quien hizo unos con cortes diferentes, del cual le pedí un cuatro de esos, pero de cinco cuerdas. Había cuatro antiguos también de cinco cuerdas sencillas y de cuatro cuerdas. El cuatro empezó con cuerdas de tripa. La evolución del cuatro va a seguir, porque el problema de los instrumentos acústicos era lograr amplificarlos.

Uno de los problemas que tenían los cuatristas era tocar un cuatro acústico con un “pickup” que era como un chicle en la tapa, era lo único que había y eso creaba unos “feedback” que uno se volvía loco y el sonidista se volvía loco. Pero fue evolucionando la tecnología creando cosas más accesibles a ese sonido real que tiene el cuatro y si no tiene ese sonido la gente no lo va a escuchar. Si tú vas a tocar en una plaza y no esta amplificado, la gente no va a escuchar lo que estás tocando, lo que muchas veces me pasó. Cuando me escuchaban, me decían “oye Pedro Guzmán eso suena bonito”.

 

Hay un crecimiento de una nueva generación hacia el cuatro, hacia la música criolla y hacia el jazz. ¿Qué consejo le das a los que buscan abrirse puertas en ese mundo tan competido de la música? Alguna lección que hayas aprendido de tu experiencia propia. 

Bueno, yo les decía a los muchachos que estudiaran y que llevaran al instrumento hasta donde todavía no ha llegado. Que entendieran la música típica, que la escucharan, la estudiaran y trabajaran con ella. Les diría ahora que es el momento de crear su propia cosa. Les digo que no hagan lo que hacen otros, que sean originales, que busquen la esquina suya y hagan fusiones en lo que quieran, porque necesitamos fusionar y enriquecer esta música.

Los jóvenes de hoy tienen los recursos, tienen la tecnología, están estudiando, están tocando brutal. He visto muchachos que yo me quito el sombrero. Que no se quiten; que busquen su originalidad. Tienen que haber aquellos que se mantengan en lo típico porque no se puede ignorar lo de nosotros.

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¿Tienes en mente hacer algo que siempre has deseado musicalmente?

Hice un disco cantando mis canciones que había compuesto como por veinte años e hice par de copias y comencé a promocionarlo, pero como no soy cantante, me quité. Pero sigo componiendo y haciendo música para llevarle un mensaje a la gente a través de las canciones, pues creo que llega más a la gente que instrumentalmente. Hacer una canción no es fácil, es un momento de inspiración que cuando uno está conectado con esa energía que da la inspiración, ella fluye como una antena que hay en la naturaleza que Dios creó.

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