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La casa de Trina Padilla de Sanz «La Hija del Caribe»

Trina Padilla de Sanz

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Tiempo de lectura: 11 minutos

«A la izquierda estaba el jardín florecido con olorosos mirtos, jazmines y la araucaria centenaria que daba sombra y era el resguardo de pájaros, mariposas y otros inquilinos»

 

Por: Yolanda Suárez-Crowe.

Bisnieta de Trina Padilla de Sanz.

 

 Las casas guardan secretos de tiempos idos y ocultan entre paredes vida, sueños, amor y muerte. Son las casas las que custodian y vigilan la memoria de un pasado que hoy día se desprecia, se desconoce o se olvida.  El tiempo enfría las cosas y dejamos de ser cuando la huella, el recuerdo y la memoria deja de ser.  Estamos viviendo en tiempos tumultuosos. Despedimos el huracán María, los temblores y los terremotos.  Ahora nos enfrentamos a una nueva mutación de la pandemia, cara a cara, mientras, la otra pandemia, más brutal que la viral, nos conduce paso a paso a la NADA: “Cada día que pasa dejamos de ser un poco más” afirma, Luce López-Baralt (2021).

“Nuestro país sigue perdiendo ante la venta del Seminario Conciliar y el Arzobispado.” Estas estructuras hermosas forman parte de nuestra esencia, de nuestro patrimonio cultural histórico que distingue a “un país con poco sentido de la memoria histórica.” Es frente a este ambiente sombrío de ese futuro que tenemos que afirmar, proteger, cuidar y preservar nuestra memoria de lo que fuimos, somos y seremos- fielmente Puertorriqueños.
Trina Padilla de Sanz
Trina Padilla de Sanz en el despacho de su casa. Suministrada.

La imagen de la Casa de Trina Padilla de Sanz permanece en un silencio. Como fiel guardián presenció la historia de su amado pueblo arecibeño, además de la historia de la noble isla de Puerto Rico, abarcando más de un siglo.  Conocida también con el apelativo de “Casa Fernandina” fue el hogar de residencia de la reconocida poeta, periodista, pianista y patriota, y a la vez fue centro y corazón de su amado pueblo de Arecibo.  El calificativo Fernandino/a se atribuye a cualquier estructura realizada durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) y se caracterizó por su estilo neoclásico que rechaza el estilo barroco.

Esta corriente fue evidente en la construcción de las estructuras en Puerto Rico y se prolongó durante el siglo XIX.  La casa estaba ubicada al norte de la Calle Coll y Toste  #24, al sur por la calle Gonzalo Marín #21, al este con Lorenzo Oliver y al oeste con la Calle Andrés García.  Desde su entrada por la Calle Gonzalo Marín, la casa de Trina mira de frente a la hermosa Casa Ulanga, cuya construcción en el 1850 fue inscrita en su fachada junto a su nombre propio- Casa Ulanga.   La Casa Fernandina de Trina Padilla fue también construida en ese tiempo, pero estimo, durante la siguiente década.

Trina Padilla Otero La Hija Del Caribe (1864-1957) nació en Vega Baja, pero vivió y murió en Arecibo. Trina vivió en Arecibo por 85 años.  Arecibo era un pueblo culto y bello. Llamada La Ribera de San Felipe de Arecibo, el historiador arecibeño Cayetano Coll y Toste señaló que: “Era tan hermoso que los enemigos la llamaban jardín dorado”.  Francisco Cadilla en su libro Los ochocentistas relata que Trina Padilla de Sanz siendo una “joven de 8 años” llega a la cuidad de Arecibo en el 1872.

“Trina acompañada de su padre José Gualberto Padilla y su madre María de la Cruz Otero entran a la Villa de Arecibo con bagajes en buenos caballos y la niña probablemente en la falda de su niñera en caballo y sus hermanos Ana, María y Pepe.  Se alojan en la casa Ulanga, casa de techos altos ubicada entre la calle Gonzalo Marín.”  El sentir de Trina Padilla, en aquel momento transcendental, lo revela la autora, Priscilla Rosario Medina en su libro Trina Padilla de Sanz (2008) “…a partir de ese momento surgió una larga unión con la Villa de Arecibo, lealtad que llevó Trina Padilla hasta su muerte en 1957.”

La familia Padilla vivió en la Casa Ulanga por 10 años, hasta el 1883 cuando Trina de 18 años contrae nupcias con Ángel Sanz Ambrós. La pareja posiblemente remodela la casa convirtiéndola en el hogar en donde, de los siete hijos nacidos en la casona, sobreviven cinco. Décadas después se convierte en el refugio y hogar de futuras generaciones de nietos de Trina Padilla de Sanz. Su hija Trinita Sanz Padilla, poeta como su madre y abuelo, describe la casa solariega en su poema, ¿Dónde Vivió Mi Madre? (Poema original sin editarse)

¿Dónde vivió mi madre? … ¿Quién no lo sabe?

¡En una casa grande que da a dos calles!

¿Quién no recuerda aquella filigrana que vivió en ella? ¿Qué vivió en ella, digo? Pero

¿Es que vive? 

Pasaran muchos años, pasaran muchos

y allí estará mi madre tan misteriosa

recortando papeles, poniendo rosas.

Cuando nadie la nombre ni la recuerde

la copla se hará letra para cantarla,

y allá en su iglesia, la Virgen Dolorosa la lleva presa.

Si viven en los lienzos las heroínas,

ella vive en la noche llena de estrellas,

y en la noche del triste

llena de espinas…

¡Pasará ella!

Pasará ella siempre dentro de mis ojos

y dentro de los ojos que no la vean.

Pasará entre el reflejo del oro y gualda

y entre los tres colores de su bandera.

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El centro de la Casa de Trina Padilla, y a primera vista, pintaba el hermoso jardín que llenaba la casa de alegría con los cantos de pájaros, el susurro de la brisa y los rayos de sol ante el cielo abierto. La casa en forma de L invertida desde el portón y media muralla de balcón a la entrada enseñaba sus seis columnas dóricas con base sencilla y capitel que levantaba y sostenía el techo de ladrillo con vigas de ausubo. Los pisos del pasillo o galería estaban cubiertos con losa nativa de varios diseños y colores, algunos eran verdes y otros decoraban los cuartos con losas negras y blancas como un tablero de ajedrez.

Las puertas dobles del pasillo estaban pintadas también de blanco. Cada puerta doble tenía cinco cristales cuadrados permitiendo un poco de luz, pero cuidando la privacidad de cada habitación. A la derecha a lo largo del pasillo había cuatro cuartos en donde estaba la cocina, un baño y dos habitaciones para familia y huéspedes. A la izquierda estaba el jardín florecido con olorosos mirtos, jazmines y la araucaria centenaria que daba sombra y era el resguardo de pájaros, mariposas y otros inquilinos.

Las hojas del almendro y el limonero alfombraban el suelo creando un mundo mágico lleno de color y múltiples matices del color verde. La parte principal de la casa abría su puerta pintada de blanco como las columnas. La puerta doble, calada filtraba los rayos de luz, la brisa del jardín y del mar de Arecibo que llegaba del norte.  A la derecha de la entrada principal una ventana doble coronada con los soles truncos o montante de abanico añadía belleza a la entrada y se repetía al lado izquierdo ofreciendo simetría.

Recibía la entrada a una sala grande con su piano de cola, bustos de Chopin, Beethoven, Mozart y otros célebres, medallones, cuadros y las paredes decoradas con papel tapiz. Cortinas largas de techo a piso complementaban el ambiente artístico de la sala.  A la derecha estaba su despacho con su escritorio, el busto de su padre El Caribe, la maquinilla Remington, el archivo y una biblioteca. Aquí se encontraba también el piano que usaba para dar clases a sus estudiantes.   A la izquierda de la sala seguía su habitación con un cuarto de baño. La galería que conducía a la derecha de la casa principal llegaba al comedor con su mesa redonda y generosa, un jardín interior con su árbol de grosellas y otras habitaciones de sus hijos y luego sus nietas.

Trina Padilla de Sanz

La Casa de Trina Padilla de Sanz fue la “Meca de cuantos artistas arribaban a nuestras playas norteñas” según relata José Limón de Arce.  Delia Q. de Arnaldo Meyners describe la labor cívica de Trina Padilla y cito: “durante 60 años no había ejecutoria cívica o cultural en el país a la cual ella no aporte su esfuerzo”. Aun ya vieja estaba enterada de todo, “alerta a todo noble empeño con espíritu más noble que la materia siempre dispuesta a apoyar y dar la mano.”

El punto de parada de las grandes figuras del mundo de las letras y las artes era esa vieja Casa Fernandina. Allá iban: poetas, líderes políticos, músicos, artistas de la isla y visitantes de otras naciones: Entre algunos: Cayetano Coll y Toste, Luis Lloréns Torres, Antonio Paoli, Gabriela Mistral, Eugenio María de Hostos, Pedro Albizu Campos, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Bogumil Zykora, Luis Muñoz Rivera y Rómulo Betancourt. El ilustre autor de Platero y Yo  fue el primero en enviar a la familia su mensaje de condolencia cuando muere Doña Trina.

La Casa de Trina Padilla fue testigo de la Invasión Norteamericana y el inicio del cambio más significativo y triste de nuestra historia: La Hija de Caribe escribe un artículo de prensa titulado Suicidio del Coronel Puig y el último día de España en Arecibo y revela el asedio: “..cupo a nuestra ciudad el triste honor de ser la primera que percibió en el horizonte  la silueta del buque fantasma, del célebre Yale, el de las tres fingidas chimeneas. Arecibo fue la primera en la costa norteña que vio al mencionado barco norteamericano”.

La invasión norteamericana y el cambio de soberanía en el 1898, causó la ruina económica de la familia Sanz-Padilla con la renuncia de Ángel Sanz al cargo que ocupaba de Administrador de Rentas y Aduana de Arecibo y Capitán de la primera Compañía del 4to Batallón de Voluntarios por negarse a servir en su posición bajo la bandera norteamericana. Haciéndose cargo entonces del Viceconsulado de España en Arecibo que “muy poco o casi nada le producía.” (José Limón de Arce, Arecibo Histórico, 1938).

Trina Padilla de Sanz vive en el presente con su espíritu libre y el eco de su palabra tan significativa en nuestro presente nos dice: “La división política, a no dudarlo, tiene mucha parte en la continuación de la vergonzosa colonia, que ahonda, de día en día, el abismo en que hemos caído por nuestra culpa. Existe un desacuerdo inmenso entre nuestras aspiraciones al Ideal, y nuestro amor a los puestos altos, bien retribuidos… Prebendas que cuesta mucho soltar, aunque el pueblo se muera de hambre.  Oigamos los discursos, palabrerías, mucha oferta, pero ¿acaso el hambre espera? Darle al pueblo promesas incumplidas, es darle a la par una cita con la Revolución. Solo nos queda conservar una gran cosa … El alma puertorriqueña”.

La destrucción de nuestro patrimonio cultural continúa. Con el ansia de la comercialización y dinero, no se conserva y no protegen las estructuras arquitectónicas que guardaban los valores históricos y culturales de tiempos pasados.  Se pierde en un instante lo que tanto tiempo tomó levantar. Arecibo ha perdido muchas casas señoriales de la época, de familias ilustres que lucharon y defendieron todas las facetas del ámbito cultural y espiritual de Puerto Rico.

El pasado que nos hizo y nos define.  Nuestra historia es la memoria escrita que nos personifica. Lo que significa amor patrio, de todo lo noble de nuestra cultura hispano-caribeña, es digno de ser protegida y preservada para nuestros descendientes. Ante tanto abandono y destrucción de su pueblo Arecibeño, mi madre, Yolanda Fernández Sanz comentaba “Lástima que tantos puertorriqueños sean inexpertos en el arte del amor”.

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El rescate de la Casa de Trina Padilla de Sanz se inicia antes de su muerte. Le preceden años de lucha titánica por Trina Padilla en mantener a su familia.  Viuda a los 47 años y sorda poco después, dando frente ante el infortunio, levanta vuelo en su teclado con sus clases de piano día a día; y citando la bella descripción atribuida a Pedro Matta: “Trina machacaba prosa para ganarse la vida y escribía versos para darse gusto”.  Enseñó piano por 40 años, aun después de quedar sorda y tuvo más de 900 alumnos. Presentaba en audiciones y veladas de piano a sus estudiantes cada año y estos eventos eran publicados en la prensa.

Nunca se detuvo ante la lucha diaria.  Pan y versos en la mesa mientras la casa se deterioraba. Su nieta, Yolanda Fernández Sanz revela la situación crítica en aquel tiempo. La casa entonces en estado malo con su anciana residente al cuidado de su hija mayor Malín Sanz quien envía la carta escrita por Trina Padilla al Honorable Tesorero Insular Manuel Domench, solicitando ayuda para el pago de intereses adeudados de su casa.

El Honorable Secretario de Hacienda Rafael Sancho Bonet (1935-1840), quien conocía la difícil situación económica de Trina Padilla, intervino a través de una ley administrativa para que se condonaran todos los intereses mientras Trina Padilla estuviera viva.” A la muerte de Trina Padilla, la casa en estado de deterioro fue vendida para pagar la deuda que había quedado pendiente por años.  El peso del tiempo ido, la soledad y ausencia lo refleja Trina Padilla en un verso de su poema “Abandono”:

¿Y el verde limonero de mi huerta

con sus brotes nupciales florecido?

¿Y aquellos pajaritos con sus nidos

que dejaron mi casa fría, desierta?

Mi corazón adivinar no acierta

dónde fueron los pájaros perdidos…

¡Cómo lloran mis ojos abatidos

al mirar la ventana sola, abierta!

¡Vuelve, enjambre de amor que yo te espero!

/ ¡Vuelve a poblar mi alero de armonías,

y vístete de flor, mi limonero!

Trina Padilla de Sanz

La Casa Fernandina de Trina Padilla como centinela guarda sueños y recuerdos de tres generaciones.  La casa es esencia y espíritu de Trina Padilla y su amado Arecibo.  El verso de su hija Trinita Sanz Padilla Tardes Luminosas de Arecibo revela como metáfora el sentir de todo puertorriqueño por su patria herida: Para mirar tu mar/ no vendré nunca/  playa sin barco y puerto,/ playa sin caracoles/ que adornen sus orillas,/ sin adiós de pañuelos,/ mantón de seda verde/ adormecido,/ te seguiré soñando desde lejos. /Pentagrama inmenso de tus olas/con clave de sol en tus veleros.

Se rescata la casa Fernandina cuando fue adquirida por el gobierno Municipal estableciendo el Museo Casa Trina Padilla de Sanz y la Oficina de Turismo.  Actualmente se proyecta fortalecer la gestión cultural del Museo para que mantenga su misión y propósito primordialmente cultural y que en ese contexto, la vida y obra de Trina Padilla de Sanz y su época sirvan de guía y eje principal temático de las salas de exposición y de sus actividades.

De esta forma, además, se crea un espacio único para el turismo interno y para el extranjero que desea conocer aspectos significativos del país.  “La Hija del Caribe es el símbolo más alto de enlace que le quedaba al pueblo puertorriqueño con aquella generación patricia y extraordinaria de la segunda mitad del siglo XIX.”  (Cito a Rafael Torres Mazzoranna en 1957). Exhorto a todos a participar con interés y apoyo al Municipio de Arecibo para hacer este proyecto una realidad.  Los visitantes de la Casa de Trina hoy pueden disfrutar una taza de chocolate caliente de la chocolatería Cacau que abre por la tarde en el patio de la Casa de Trina Padilla.

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Comments 4

  1. Avatar Denise says:

    ¡Excelente!! Me pareció estar caminando por esa fabulosa casa.

  2. Avatar Awilda Gonzalez says:

    Gracias, me dio mucho sentimiento leerlo, me recordó mucho a mis padres y también amistades relacionadas y emparentadas con Doña Trina,, hermoso recuerdo de nuestro Arecibo.,

  3. Avatar José A. Rivera-González says:

    Muy importante comunicar y crear conciencia sobre asuntos como éste, de los que no se está al tanto. Gracias por traerlo a conocimiento público.

  4. Avatar Jorge Oliver says:

    Mi abuelo Don Jose R Oliver fue un admirador de Dona Trina. Formaron muchas tertulias porque los dos siempre entuvieron interesados en la poesia……….. Una de la figuras grandes de Arecibo y todo Puerto Rico…………gracias

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